Creo que todos en algún momento de nuestras vidas, especialmente nuestra vida sexual, hemos tenido, por una u otra razón, experiencias fascinantes, excitantes o inolvidables, esta última gracias a lo infortunadas y desastrosas que pudieron ser. Cómo no hacerle un homenaje al 'quickie', a ese rápido, pero a la vez exquisito, sexo exprés, polvo en bombas, polvo de gallo, en fin, como quieran llamarlo.
Claro, algunos dirán que no hay nada como tener relaciones cuando se dispone de todo el tiempo y tranquilidad posible; que es mucho mejor y más conveniente para la relación evitar esos placeres efímeros que generalmente no satisfacen a algún miembro de la pareja. Mientras más despejada esté tu mente, más tranquilo te encuentres y menos presión exista, el clímax estará asegurado.
No comparto completamente esa posición. A veces, las mejores experiencias son aquellas que no estaban previamente planeadas, que el lugar donde suceden parecería insólito; donde el peligro en ocasiones, a ser descubierto, es inminente; donde es tan alto el nivel de adrenalina, que sentimos cómo el tiempo se detiene y cómo dejamos toda nuestra energía y fuerza en esa corta experiencia.
El baño de un avión o de un establecimiento público, un ascensor, en el cuarto de él o ella (Los papás están con la visita, las tías, en la sala), en la casa de la abuelita (La pobre se quedó dormida), en el carro (Estamos en un parqueadero y: ¡qué raro!, no prende), en el mar (Esa luna, es toda para ti), en una fiesta en la casa de un amigo (El cuarto del servicio está solo), en la oficina (No interrumpir), en el parque, en el cine, el la piscina, en la biblioteca, en la clínica, en las escaleras, en un árbol… no importa dónde se haga, un 'quickie', siempre será bien recordado.
Redacción Laeroteca.com